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¿Sabía
Usted que la influencia de los neurotransmisores en
los estados de ánimo ocasiona que, la mayoría
de las veces, no se pueda controlar la adicción
a la comida o las harinas y dulces?
Imagine la escena. Usted se levanta cansado
por la acidez y el reflujo de toda la noche. Se pone
su único pantalón y se da cuenta de que
no le quedan huecos en la correa. El dolor de espalda
es insoportable y siente que los tobillos le van a explotar.
Sale a buscar su carro, se detiene a
tomar aire y, finalmente, llega. En eso, el locutor
de la radio anuncia el tema Cómo adelgazar para
toda la vida. Usted se emociona. ¿Se
imagina? Lo ha deseado mil veces. Sabe que lo
tiene que hacer por su bien, que no le queda otra opción
y que su salud y la de los suyos está en juego.
Este es su día de suerte.
De pronto, se escucha la voz: "No coma harinas",
"Evite los dulces", "Cambie sus hábitos",
"No se estrese", "No se quede en casa",
"No coma carbohidratos", "Ingiera poco",
"Desayune", "Haga ejercicio", "Tome
agua", bla, bla, bla, bla... Usted apaga la radio.
"¿Será
verdad -se pregunta- que voy a ser gordo toda la vida?"
Si está leyendo estas líneas
es porque ya lo ha intentado todo o casi todo. Su problema
no es que no sabe que las harinas lo engordan o que
debe cambiar de hábitos. Usted ya se sabe todo
eso. Se lo sabe mejor que nadie porque ha estado en
todos los consultorios médicos. Pierde peso,
le va bien, se siente mejor, cambia de talla, le felicitan,
ve que funciona, pero de pronto, y por esas vicisitudes
de la vida, lo suelta y vuelve a engordar. Ahora tiene
otra vez que adelgazar, ¡urgente!, pero está
lleno de dudas. Siente que va a ser muy difícil...
y no ha hecho más que postergar la decisión
de volver a comenzar.
Muy bien, tome aire y respóndame la sigueinte
pregunta: En su familia. ¿Cuantos
tipos de personas hay?
Cuatro tipos. Los que comen lo que engorda, y no engordan;
los que comen lo que engorda, y sí engordan;
los que no comen lo que engorda y tampoco engordan;
y los que no comen lo que engorda y, aún así,
también engordan. ¿A
qué tipo pertenece usted?
Lo sabía. Usted es de los que comiendo o sin
comer, engordan.
¿Conclusión?
El sobrepeso no es su culpa!!!
Usted dirá: "Sí es mi culpa porque
hace un año yo no comía así, pero
me descuidé y comencé a comer como nunca".
Permítame decirle una cosa. Usted no se descuidó.
Usted se divorció, o terminó su tesis,
o dio a luz, o dejó el cigarro, o comenzó
a trabajar, o perdió un ser querido, o se embarazó,
o comenzó un tratamiento, o se desarrolló,
o dejó los ejercicios, o pasó una depresión,
o cualquier cosa menos que se descuido. Al contrario,
usted lo vio todo. Estaba ahí. Y mientras más
se lo decían, más se irritaba y más
le provocaba comer.
Ahora cree que no tiene voluntad porque se la pasa comenzando
y rompiendo las dietas. Jura que más nunca lo
intentará de nuevo, pasan tres meses y vuelve
a empezar.
"Es un ciclo", dice usted: "Te deprimes,
no tienes ropa que ponerte, te sientes peor, comes más
y vuelves a otra dieta... Es como si no tuvieras fuerza
de voluntad".
Usted sí tiene fuerza de voluntad. Lo que no
tiene es la insulina, la serotonina, el cortisol, la
leptina, la dopamina, la norepinefrina, el GABA y la
colecistoquinina en equilibrio.
Las personas del tipo "no comen lo que engorda
y no engordan" no tienen mérito. Es verdad
que no ingieren harinas y dulces, pero no porque son
controlados, sino porque no sienten la necesidad.
Tienen sus neuroquímicos en equilibrio y por
eso la comida "que engorda" representa sólo
placer. A usted, por el contrario, le representa la
medicina con la que equilibra su insulina, su serotonina,
su cortisol, su leptina, su dopamina, su norepinefrina
y su GABA.
O, tal vez, su caso sea que sin comer lo que engorda
también engorda. Sea como fuere, o siempre fue
"rellenito" o a partir de cierta edad comenzó
a engordar, pero en ambos casos fue por un desequilibrio
en su neuroquímica. ¿Me
sigue? Así que suelte el cuento. Despersonalice
su caso. No se juzgue. Olvide su historia. No es su
culpa. No sabíamos que esto de los kilos era
un tema de neurotransmisores.
Casos y casos
Ahora bien. Es verdad que parte del secreto
de los que no comen la comida que engorda es, ¡justamente!,
que no la comen. Por eso es que no les significa ninguna
necesidad, porque si la comieran muchos se volverían
adictos. Usted lo sabe. Recordará que durante
su ultima dieta, al pasar los primeros días sin
carbohidratos ya no le provocaban. ¿Se
acuerda? Bueno, okey, le seguían provocando,
pero mucho menos. ¿O
no?
Parte del ciclo en el que se encuentra tiene una salida
simple: No coma lo que le pide el cuerpo (harinas y/o
dulces); al menos por tres días. Digo "parte"
porque de no hacer lo que le voy a proponer, muy probablemente
volvería a repetir su historia. Lo importante
es descubrir quién es usted molecularmente y
saber cuál "nutrifármaco" le
puede ayudar a equilibrar su neuroquímica.
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