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Los pacientes que originalmente no toleraban las dietas
hipocalóricas y que sentían deseos por
harinas y dulces, tenían la insulina elevada.
No era la falta de fuerza de voluntad que hizo popular
nuestra amiga la doctora Lulu, sino la resistencia a
la insulina, el primer paso para llegar a tener diabetes
tipo II en el futuro.
Así fue como nació la nueva hoja del libro
"La historia de la pérdida de peso en nuestro
planeta". Primer capítulo: "Cierra
el pico". Segundo capítulo: "Cuenta
tus calorías", y ahora, el tercer capítulo:
"Descubre si tienes insulinorresistencia para ver
si puedes o no comer 60% de las calorías de los
carbohidratos, y entonces después, y sólo
después, cuenta tus calorías".
A partir de esos últimos días, nuevos
personajes comenzaron a tener éxito. Tal fue
el caso del cardiólogo Robert Atkins, quien desde
los años setenta se atrevió a voltear
la pirámide nutricional convirtiéndola
en cono. Pocos carbohidratos, poca insulina. Así
de simple. Una tesis que encontró justificación
médica con los estudios del todavía hoy
profesor emérito de la universidad de Stanford,
doctor Reaven.
“¿Todo esto quiere decir que voy a ser
diabético?”
Las personas con Metabolismo Tipo 2 y Tipo 4 tienen
siete veces más probabilidades de llegar a desarrollar
diábetes que la población en general.
Sin embargo, nadie puede predecir si se tendrá
o no. Lo que sí se conoce es que mientras menos
sobrepeso exista, menos probabilidades de llegarla a
desarrollar hay. El 85% de los pacientes diabéticos
Tipo II tiene sobrepeso, el 15% no. Esto explica cómo
la diábetes es un baile entre la genética
y el grado de sobrepeso que tenga una persona en particular.
“Ya en una oportunidad
un médico me mandó a tomar la metformina,
pero no la toleré. ¿Existe otra opción?”
Existe una innumerable cantidad de personas con Metabolismo
Tipo 2 y Tipo 4 que han adelgazado sin tomar Metformina,
simplemente con la ayuda de los nutrifármacos
indicados.
“¿Por cuánto
tiempo debo tomar los nutrifármacos?”
Cuando conquiste su peso ideal, usted
deberá repetirse los exámenes de sangre
de la insulina y glicemia basal y postprandial, verificar
que sus valores se encuentren dentro de la normalidad,
y entonces suspender los nutrifármacos indicados.
De lo contrario, deberá continuar ingiriéndolos.
“En una oportunidad me
indicaron tratamiento para el hiperinsulinismo y perdí
bastante sobrepeso. Tanto que alcancé mi peso
ideal, pero luego volví a engordar. ¿Por
qué?”
Adelgazar siempre mejora el hiperinsulinismo
por insulinorresistencia, tanto, que lo podría
llegar a desaparecer. Sin embargo, usted pudo haber
quedado con hiperinsulinismo, aún habiendo alcanzado
su peso ideal. En estas condiciones se hace necesario
mantener la metformina o la ingesta de los nutrifármacos
indicados. De lo contrario, sería muy fácil
volver a engordar.
Conversación
con Dr Reaven
Sólo
para Médicos
¿Sabía usted que la insulina, además
de tener receptores a nivel muscular, también
los tiene en los ovarios, el hígado, los riñones,
la grasa, el hipotálamo y los vasos sanguíneos?
En febrero del 2004 durante el primer congreso de insulinorresistencia
celebrado en Nassau, Bahamas, tuve la oportunidad de
conocer a Gerald Reaven, quien en 1988 le explicó
al mundo la fisiopatología de la diábetes
tipo II. - Dr. Reaven disculpe – haciendo la cola
para el café - ¿La insulina da hambre?
– “No. Lo que da hambre es la resistencia
de sus receptores hipotalámicos, en el centro
de la saciedad”.
¿Receptores de la insulina
a nivel del hipotálamo?
La persona come y dispara la insulina que junto a la
glicemia le envía al cerebro la información
del “ya comí”. Aquellos con insulinorresistencia
a nivel hipotalámico no reciben el mensaje.
¿Cómo podrían
entonces estos pacientes experimentar saciedad?
Sensibilizando sus receptores a la insulina.
¿Cuál es el medicamento sensibilizador
de insulina por excelencia?
La metformina.
¿Cuántos de sus
pacientes con insulinorresistencia no toman metformina?
Muchos.
“Dr. Reaven – le volví a preguntar
-, ¿La insulina sube la tensión arterial?”
– “No, a menos que la persona tenga insulinorresistencia
a nivel muscular. En esos casos la insulina producida
en exceso estimula sus receptores ubicados en los riñones
y vasos sanguíneos, que por cierto son extraordinariamente
sensibles a la hormona, lo cual aumenta la tensión
arterial”.
La insulina, necesaria para combatir la insulinorresistencia
muscular, no solamente estimula los recetores renales,
sino también los existentes en los adipositos
(estimulando la formación de la grasa), los existentes
en los hepatocitos (estimulando la formación
de los triglicéridos y la baja producción
del colesterol bueno), los existentes en los ovarios,
estimulando la formación de testosterona, lo
que puede conllevar a infertilidad, hirsutismo, acné
y caída del cabello y los existentes en los vasos
sanguíneos contribuyendo con la coagulación
y la hipertensión arterial.
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